Escupirse… la cara

Desde Acá

Heberto Taracena Ruiz

 

UNO. A pretextos resonantes de campañas, todavía quedan altibajos dispersos, llamados actores políticos, a quienes les divierte seguir en el palco dando las mismas  patadas y gesticulaciones.

DOS. Vaya que traquetean en el matorral de la cizaña, llenos de goce enfermizo, concelebrado incluso   cosquilleos en axilas y la boca del estómago.

TRES. Traduzco: no caben de contentos promoviendo  malas artes de dividir y enemistar. Ah, cómo gozan.

CUATRO. En su escala de valores, suben y bajan, de arriba abajo y de regreso, sentimientos chocantes.

CINCO. Porque eructan emociones, alagados de sí mismos y en franco desprecio de los demás.

SEIS. El afán consiste en hacer daño, sin parar mientes en que el terreno a conducirse sufra deterioro por   tamaña verborrea. Primero ellos y punto.

SIETE. Que escupan para arriba y les caiga en la cara, les viene guando, con tal de que sus agallas  segreguen discordia.

OCHO. Cada quien es como es, nada menos cierto; no a costo de estar salivando contorsiones en rudo placer.

NUEVE. Terminadas las campañas políticas en que unos ganan y otros pierden, voces disonantes siguen haciendo eco de lo que debía dejarse atrás.

DIEZ. Ah, pero la tranquilidad común les va a la zaga, a propósito de hábitos que han sabido vestir a espera  de  dividendos.

ONCE. Los dividendos consisten siempre en alguna posición del nivel que sea, o prebenda, con tal de quedar adentro del engranaje. Tan viejo el chiste…

DOCE. Y si pueden acomodar a dos o tres de sus corifeos, mejor que mejor. Que para eso hay multiusos.

TRECE.-Eso vamos a verlo, dicen. Y “en efectivamente,”  dijera un político lugareño, se ha visto.

CATORCE. El caso es acomodarse a como dé lugar, importando un bledo lo demás y el que venga atrás que arree.

QUINCE. Más allá de pegar y retar al vencido, el escupir para arriba les hace bañarse en su propio batido. -Es que así somos, repiten.

DIECISEIS. La gente observa y piensa, en elocuente silencio, a espera de que este reto toque a final.

DIECISIETE. Pero las inercias son, por lo ordinario, falsos reposos para, de malas a primeras, detener frustraciones imposibles de autocontrol.

DIECIOCHO Los días que vienen tendrán que ser de reconciliación, de búsqueda; en obvio de tiempo cuando unas son las campañas y otros los compromisos que podrían garantizarse de aquí a septiembre. Suficiente para sentar bases categóricas, sin atolondres.

DIECINUEVE. Para ver en octubre, además de caras nuevas, a funcionarios bien sentados y parados desde el arranque.

VEINTE. Tabasco está urgido de revisiones minuciosas, y seguir atenidos a gestos de escupirse la cara, a nadie arroja datos de orden y progreso. ¡Ah, qué binomio!